
Por Miguel Gómez-García
Xalapa, Ver., 14 de octubre del 2006.Con el arribo del nuevo gobierno panista encabezado por Felipe Calderón Hinojosa está prevista la consolidación de los militares en los cuerpos de seguridad pública en México, alerta Alfredo Zavaleta Betancourt, investigador del Instituto de Investigaciones Históricos Sociales de la Universidad Veracruzana.
“El escenario es que habrá cada vez más militares en las policías estatales y muy probablemente la Policía Federal Preventiva PFP comience a convertirse en una instrumento fundamental de solución de los conflictos políticos ante la incapacidad de las élites de resolverlos mediante el diálogo y la negociación”.
En este proceso, advierte, Veracruz pone su cuota pues por lo menos en las tres últimas administraciones estatales, los militares han estado presentes en los mandos altos y medios de la dirección, subsecretaría y últimamente en la Secretaría de Seguridad Pública.
Sin embargo aclara que en Veracruz la presencia de miembros de la milicia no ha sido para disminuir la delincuencia sino sólo se les ha utilizado como instrumento político para legitimar la instalación de los gobiernos ofreciendo mano dura a los ciudadanos que paradójicamente piensan que recurrir al ejército es la mejor solución de la delincuencia en el estado.
“Y no se dan cuenta que están incrementando el peligro de la violación de sus garantías y sus libertades”, apunta.
Reconoce que si se toma en cuenta las cifras manejadas por el gobierno del estado, tomadas del Sistema Nacional de Seguridad, Veracruz no es un estado riesgoso pues se le ubica como uno de los cinco estados más tranquilos del país.
Zavaleta Betancourt presentó recientemente su libro “la militarización de la Seguridad Pública en México”, en el que cuestiona con severidad el papel de policías que se ha pretendido dar a miembros del Ejército Mexicano, hecho que considera riesgoso pues sostiene que los soldados no fueron preparados para enfrentar a la delincuencia.
Desde su perspectiva, el uso del Ejército para la modernización de las policías es una medida que debe tomarse en situaciones muy extremas cuando aquellas son incapaces de reformarse por sí mismas.
Para el investigador de la UV esto podría justificarse en aquellos estados en los que hay altas tasas delictivas y no han logrado ser reducidas por los policías civiles.
Sostiene que los grandes riesgos de la militarización de las policías tienen que ver con la violación de garantías y derechos humanos de los ciudadanos comunes, en particular de los activistas de movimientos sociales y de algunas luchas políticas del país que no han querido institucionalizar su participación política en los procesos electorales.
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Zavaleta se pronuncia por crear un mecanismo de rendición de cuentas de los militares toda vez que su estatuto entre las policías es muy ambiguo pues la mayoría se encuentra bajo licencia o comisionados a invitación de gobernadores e incluso de presidentes municipales.
Está a favor de iniciar un debate más transparente sobre la pertinencia de incorporación de los militares a las policías considerando entre otras cosas que no fueron formados para atacar los delitos.
Zavaleta Betancourt recuerda los casos de militares que han caído en la tentación de gestionar la delincuencia organizada en el país, por lo cual dice: “ Esto no lo debemos permitir los gobernantes ni los representantes populares ni los ciudadanos”.
La militarización de las policías es un proceso que inicia en 1994 con la creación de la Coordinadora Nacional de Seguridad Pública, el antecedente más próximo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
“Se trata de un proceso lento, gradual que no ha sido discutido públicamente pero que es sin duda uno de los temas de la democracia actual de nuestro país y por lo tanto debe preocupar a los ciudadanos”.
En aparente contradicción el doctor en Sociología se opone a la incorporación de soldados a las policías por mucho que éstas hayan demostrado incapacidad para enfrentar a la delincuencia organizada.
Por ello propone crear fuerzas especiales, conformación de policías internacionales sin recurrir necesariamente al Ejército”.
Dice que si bien es cierto que en otros país la práctica de ocupar a la milicia para combatir al narcotráfico es un hecho, en el nuestro los soldados no están preparados para ello.
El libro llama la necesidad de crear mecanismos de control en municipios, en estados, que presionen a las comisiones legislativas para vigilar más puntualmente los operativos en los cuales participan militares en el combate a la delincuencia organizada.
Califica de comprensible la asesoría pedida al gobierno de Colombia por el presidente electo de México Felipe Calderón, si se toma en cuenta sus anuncios de campaña cuando se propone usar mano dura en contra de la delincuencia organizada y la ordinaria en el país.
Señala que el viaje de Calderón además de tomar nota del blindaje que el Ejército brindó a la espectacular ceremonia de toma de protesta del presidente colombiano Álvaro Uribe, el propósito fue enterase del sistema de información política del combate al narcotráfico que ha funcionado en aquel país sudamericano.
Sin embargo Zavaleta regatea este logro a los colombianos pues mas ha sido por la asesoría norteamericana, acompañada de la alta inversión que los estadounidenses han hecho en algunos programas antinarcóticos.
Ene se sentido asegura que nuestro país no está en una situación de estados paralelos, de vacíos de poder, de un coctel de guerrillas y carteles institucionalizados como sucede en Colombia.
Recuerda que antes se hablaba de colombianización en sentido peyorativo y hoy se invierte el sentido al pedir que nuestro país tome el ejemplo de Colombia en el uso del Ejército y la policía en el combate al narcotráfico.
El doctor en Sociología reitera que pretender utilizar al Ejército como elemento para combatir a la delincuencia organizada denota falta de imaginación institucional.
A su juicio debe ser éste el último recurso que tengan que echar mano los civiles, en atención a los antecedentes históricos que tenemos en América Latina y en particular en Sudamérica.
Sin dudarlos alerta; “Cuando los militares toman decisiones ya no se retiran y lo que menos necesitamos en nuestro país en un momento de consolidación democrática es militares tomando decisiones en el control sociopolítico pues inhiben la participación, violan garantías, violan derechos humanos y no son sujetos a rendición de cuentas”.
¡Es algo que no debemos permitir!.
Zavaleta reduce el papel del Ejército Mexicano a proporcionar auxilio a la población en estados de emergencia por desastres naturales.
“En todo el proceso posrevolucionario no ha librado ninguna guerra y su capacidad de destrucción, su armamento no se compara con la que tienen otros ejércitos latinoamericanos; y esto los hace poco competentes para librar batallas en un contexto donde difícilmente nuestro país va a enfrentar una guerra en los próximos años”.
Advierte que en el debate político nacional se habla mucho de los procesos electorales, de la calidad de los gobiernos, de la legitimidad, de la relación de los gobernantes con los ciudadanos y muy poco de cómo se están transformando las instituciones fundamentales del Estado como es el Ejército y la policía.
Le preocupa las consecuencias negativas que estos cambios puedan tener para las libertades que hemos gozado en los últimos años.
No obstante Zavaleta reconoce el papel histórico que ha jugado la milicia mexicana.
Recuerda que a lo largo de los diferentes ciclos de la historia, sobre todo de guerra han jugado un papel importante, han jugado un papel en la estabilidad nacional resguardando las fronteras y en programas de seguridad nacional, pero lo que está sucediendo en el país, el uso del ejército para modernizar a las policías no se experimentaba desde 1940 con el gobierno de Miguel Alemán Valdez.
“Lo que yo propongo en este libro es una desmilitarización gradual de las policías, incluso reconociendo que en algún momento pudieron haber jugado un papel determinante en la reorganización de las instituciones policíacas en los años recientes, pero lo que los mexicanos requerimos es que los militares no se queden ahí”, puntualiza.