- México país donde poco se lee y se aprecia la literatura: Antúnez
- Es rentable cuando se vuelve negocio político: Ramos
- Leer es pensar, la TV sólo sirve para chingar: Campbell
Por Miguel Gómez-García
En nuestro país se lee muy poco y poco se aprecia a los escritores. Esta situación ha obligado a los hombres y mujeres dedicados a la producción literaria a explorar actividades afines o concomitantes como les llaman, para poder subsistir.
La cátedra, la traducción, el periodismo cultural, la escritura de prólogos, la investigación y la enseñanza, se han convertido en ocupaciones colaterales que mantienen a los escritores cercanos a su actividad primaria.
Los autores Rafael Antúnez, Luis Arturo Ramos y Federico Campbell coinciden que vivir de la literatura no alcanza, que no ha sido negocio ni ahora ni en otros tiempos, que les ha sido necesario desarrollar otras actividades para salir adelante aunque aclaran que todas ellas están relacionadas con la escritura de libros u otros materiales asociados.

Antúnez lo justifica de esta manera: “Todo esto me permite estar en contacto con territorios, si no inmediatos, no muy lejanos de la escritura”.
Para el director de la revista Colombre, el término escritor se ha ensanchado mucho de modo que hoy día no sólo de escribir se vive.
Ramos, autor de obras como Crónicas del país vecino, y Siete veces el sueño no duda en aceptar que con lo que obtiene de regalías por sus libros se hubiera muerto hace trescientos años.
“En mi caso la ventaja es que me gano la vida con oficios concomitantes relacionados con la literatura, doy clases, edito libros y escribo”.
El narrador y ensayista está cierto que la actividad literaria se torna rentable cuando se transforma en negocio político como ocurre con aquellos escritores que obtienen cargos diplo
máticos o se convierten en funcionarios de alto nivel dentro del gobierno.
“Hubo un tiempo en que la literatura dio cierto prestigio, lo que en esta época panista no sucede porque se ha diluido el respeto por la cultura y por los escritores de calidad”.
Recordó que durante el priismo se daba su lugar a los escritores porque sus gobernantes sabían que eran un apoyo para el Estado y para el sistema.
Señaló que sólo así pudo entender la relación del gobierno y un Octavio Paz, por ejemplo.

Por su lado Campbell cuentan que desde que salió de la revista Proceso en 1988 no volvió a trabajar en una oficina. Hoy su centro de actividades es su propia casa.
“Vivo de traducciones, de mis artículos en la prensa, dinero que no me alcanza porque estrictamente de la escritura no alcanza, pero si de cosas relacionadas con la literatura”.
Uno de los factores que han llevado a los escritores a diversificar sus actividad es el bajo índice de lectores que existen en México.
Pero no sólo eso, Rafael Antúnez lamenta que no sólo se lea muy poco sino que exista un desprecio por esta actividad.
“Con honrosas excepciones, la mayoría de las instituciones cuando invitan a un escritor no contemplan pagarle: si uno va a la Universidad Veracruzana a dar una conferencia, asume que la va dar gratis”.
Así, no duda en considerar que en México existe una especie de falta de cultura para contemplar los servicios de un escritor como servicios profesionales.
Con un dejo de reproche acusa que nadie va a una consulta médica gratis, pero en cambio la consulta a un escritor así se toma.
Federico Campbell quien ha combinado su actividad de escritor con la de conferencista opina que esto puede resultar redituable porque una vez que se posiciona un nombre como tal, lo demás es cuestión de saber cobrar bien,
Sugiere 10 mil pesos por conferencia.
“En algunos lugares se asustan y ya no te vuelven a hablar, pero en otros pensabas que te podrían haber dado 15 o 20; en Monterrey por ejemplo”.
Para el tijuanense la vida de un escritor es como la de cualquier ser humano que lucha y sale delante de acuerdo a su imaginación.
Y es que vivir de la producción literaria es bastante difícil.
Antúnez cree que en nuestro país resulta difícil colocar un libro como Best Seller, aun cuando se lleguen a alcanzar ventas significativas de 20 o 25 mil ejemplares porque esta cifra es muy reducida comparada con los niveles de venta de otros países.
Luis Arturo Ramos coincide: “Necesitarías vender una buena cantidad de ejemplares para poder vivir plenamente de esa actividad como Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.
Pero aunque hay quienes reconocen que en nuestro país hay un déficit de lectores, otros como Federi Campbell se preguntan cómo es que editoras españolas como Santillana tienen tanto éxito en México.
“El Grupo Santillán tiene muchos negocios con el gobierno mexicano por eso tiene que ser medio condescendiente en cosas de política: despreciar a López Obrador, legitimar a Calderón”.
Para el autor de obras como La Clave Morse y el Imperio del adiós, la gente lee por gusto y por necesidad.
Dijo que sólo leyendo entiendes por ejemplo la controversia sobre la Ley Televisa.
“Viendo la televisión no entiendes, sólo entiendes que a la televisión le interesa mucho chingar a los ministros de la Corte, o sea, te das cuenta que tienen intereses y por eso calumnian al senador Corral o al senador Barlett
Sin embargo en medio de estas dificultades los escritores reconocen la importancia que los gobiernos federal y estatal como el caso de Veracruz le han dado a la actividad literaria.
Y es que los regímenes políticos también juegan un papel importante e influyen de alguna forma en la actividad literaria. Sostienen que desde algún tiempo en México se puede escribir con libertad sin temor a ningún tipo de represalias
Rafael Antúnez recuerda que a partir del sexenio del presidente Carlos Salinas inició un proceso de apertura y apoyo a los escritores mexicanos. Con la creación del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes FONCA se creo un sistema de becas que antes no existía.
Por su lado los fondos estatales otorgan becas que antes no daban.
“Si ha habido una mejora, los gobierno sucesivos han sostenido las instituciones; quizás el reclamo es que no se han mejorado, se han dejado casi tal cual”
Y en torno al déficit de electores en México, Antúnez cree que si bien no es un fenómeno que se pueda superar de la noche a la mañana, lo deseable es que algún día pueda lograrse.
Opina que se necesita una labor titánica, pero normalmente se recurre a programas de efecto inmediato que son la solución. Se requiere –añade- una transformación profunda desde las normales, de un magisterio, renovado, reeducado, para pensar que entonces pueda generarse una sociedad con una mayor capacidad de lectura.
Concluyó que sí es deseable y sí es posible pero lamentó que no se estén haciendo los programas adecuados.