
La UV celebra al teórico de la imaginación
Dunia Salas Rivera
Constantinopla. 1922. Acunado por los fluidos del magma de las culturas oriental y occidental nació Cornelius Castoriadis, forjado filosófica y políticamente en medio de dictaduras, la guerra contra el fascismo alemán y el intento de golpe de Estado comunista en Grecia de 1944.
Igual que Bélgica, Noruega, España y Francia, la Universidad Veracruzana (UV), a través del Instituto de Filosofía (IF), rinde homenaje a este demócrata convencido de la autonomía de la sociedad y de los sujetos, a diez años de su muerte física.
La UV reunió a cuatro especialistas en la obra del llamado “filósofo de la imaginación social”: Alfonso Ibáñez, del Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad de Guadalajara; Darin McNabb y Daniel Cabrera, del Instituto de Filosofía (IF); y Raymundo Mier, coordinador de la Maestría en Comunicación Política de la Universidad Autónoma de México-Xochimilco.
Psicoanalista de formación, quien fundó las bases teóricas del pensamiento social, histórico, político y filosófico del psicoanálisis moderno, Castoriadis fue condenado a muerte por fascistas y comunistas, hechos que formarían su visión de la importancia de rechazar la adhesión a toda moda intelectual: estructuralista, existencial, o del marxismo de la Escuela de Frankfurt.
En el homenaje “El olvido de la imaginación. A 10 años de la muerte de Cornelius Castoriadis”, Raymundo Mier planteó una reflexión derivada de una serie de planteamientos de Castoriadis que articulan una perspectiva crítica respecto de las teorías contemporáneas de la significación, por una parte, y apuntan también un modo de pensar la significación que incorpora las tesis del psicoanálisis, por la otra.
Empero, esto lo hace de una manera polémica, no de llevar simplemente una visión freudiana o lacaniana a una reflexión sobre el psicoanálisis, sino que también es una aproximación crítica a las propias vertientes del psicoanálisis.
“A través de la reflexión sobre la significación y sobre las condiciones de lo imaginario, Castoriadis también replantea algunas polémicas fundamentales en el ámbito del psicoanálisis, hay una reflexión muy importante de la relación entre institución, como creación de identidades, y significación, también como creación de identidades”, aseguró.
Raymundo Mier puntualizó que deberíamos preguntarnos hasta dónde la significación apuntala cierto tipo de pautas de creación de identidad, que de alguna manera cristalizan en órdenes institucionales, en mecanismos de ordenamiento y casi de alienación institucional.
“Asimismo, hay que definir hasta dónde los procesos de significación que derivan en ciertas pautas de creación imaginaria transforman o trastocan el orden institucional, las formas del vínculo entre los sujetos, y partir de todas estas vertientes críticas: la de la significación, del psicoanálisis, de los patrones y ordenamientos institucionales, hay también una redefinición radical de lo que es la historia y el sujeto en la historia contemporánea, sus tareas, posibilidades y potencia.”
Para Mier, todo este planteamiento de Castoriadis lleva necesariamente a ver las tareas contemporáneas no sólo de la filosofía y las teorías de la significación sino también de la política: “Es necesario replantear los horizontes de la política a partir de estas nuevas modalidades de comprensión de la significación”, dijo.
Razón e intuición deben ser pilares de nueva racionalidad latinoamericana: Ibáñez
Desde su temprana crítica al marxismo, la obra de Castoriadis se encaminó hacia una filosofía de la creación humana donde destacan conceptos como imaginario social, imaginación radical y autonomía.
Basado en el pensamiento del filósofo francés de origen griego, Alfonso Ibáñez Izquierdo se refirió al enfrentamiento latinoamericano y europeo. Dijo que al ser herederos del racionalismo europeo del siglo XVIII y de la intuición indígena ancestral, esta última abortada por la dominación cultural de la Conquista y la Colonia, los latinoamericanos debemos conjuntar esas dos herencias para la conformación de una nueva racionalidad.
“Hasta ahora, los latinoamericanos no dejamos de experimentar el desgarramiento entre lo racional europeo y lo americano intuitivo, lo cual solicita una síntesis que confluya en una racionalidad renovada y alternativa”, sostuvo.
En su conferencia “Imaginario y utopía latinoamericana”, el investigador recordó el pensamiento del filósofo peruano José Carlos Mariátegui y dijo que su estilo de pensamiento y acción expresa la necesidad de hallar creativamente una forma propia de conocer, sentir y transformar nuestra realidad.
“Por tanto, una revolución integral y radical debería posibilitarnos el despliegue de ese patrimonio intuitivo de raíz, con su mentalidad mítica y simbólica, integrando la razón al avance de su proceso cognoscitivo, tal vez así consigamos la humanización de la razón y simultáneamente la racionalización de la humanidad”, aseguró.
En Mariátegui, explicó Ibáñez Izquierdo, no existe una diferencia entre razón e intuición, entre pensamiento e imaginación, entre ficción y realidad o entre análisis y utopía; a diferencia de la manera eurocéntrica de la modernidad, con sus antagonismos irreconciliables y su propensión intelectualista, Mariátegui busca una racionalidad distinta que ya desde entonces algunos proponían reconocer como indoamericana.
“Hay en sus estudios una singular relación entre método y subjetividad, que le da una singular connotación a su utopía realista, ya que si bien considera que el marxismo es fundamentalmente un método de interpretación histórica de la realidad actual, y concretamente de la sociedad capitalista, vincula de manera muy estrecha el estudio analítico con la emoción y el pathos revolucionarios”, dijo.
Contra la tesis de la objetividad de los historiadores, explicó Ibáñez, Mariátegui pone en evidencia el nihilismo de las reconstrucciones históricas más logradas, escribiendo por ejemplo: la historia en gran proporción es puro subjetivismo y en algunos casos es casi pura poesía.
“A su entender, más que un sistema doctrinal acabado, el marxismo es una herramienta metodológica, una guía teórico-práctica para el análisis y transformación de la realidad, y si bien conviene prestar mucha atención al sustrato económico de las sociedades, esto no supone necesariamente un reduccionismo economicista, pues como dice él en una atrevida comparación, el concepto de economía en Marx es tan amplio y profundo como el libido en Freud, indicando que el análisis marxista puede ser visto como una especie de psicoanálisis generalizado de la sociedad”, aseguró.
Para Mariátegui el marxismo es método y evangelio de un movimiento de masas; es decir, un anuncio liberador capaz de movilizar las energías populares hacia la utopía socialista.
Todo poder necesita no sólo la represión, sino también la seducción: Cabrera
“En La Conquista de lo imaginario, de Joseph Brodsky, el autor habla de la Virgen de Guadalupe como una imagen. Los españoles tenían que conquistar el mundo imaginario de los aborígenes y lo hicieron a través de la religión. No se valía la pura represión y matanza, con esto nunca se hubiese conquistado”, aseguró Daniel Cabrera en su conferencia “Imaginario y significación”.
El filósofo advirtió que todo poder necesita no sólo la represión sino también la seducción: “Y así es como viene lo imaginario, que es todo el conjunto de trabajo seductivo que se tiene hacia la sociedad, ya sea la religión, las creencias en la bondad de una ley, en un gobernante, etcétera”.
Cabrera explicó que lo imaginario en filosofía es el producto de la imaginación y no es malo, ni negativo, ni irreal, sino creativo; el imaginario tiene un origen creativo: “Una forma de abordar lo imaginario es a través de la imaginación: imaginario es el producto de la imaginación, y otro es de la imagen: imaginario es el conjunto de imágenes”.
El investigador del IF se refirió a Giovanni Sartori, quien en su obra Homo videns se refiere a la reducción de lo explicativo: “Para entender a la sociedad no es suficiente una noticia de diez segundos, y la lectura es un elemento fundamental para poder entender a la sociedad”.
Sin ambargo, aclaró, vivir en una sociedad de la imagen no es bueno ni es malo: “Es nuestra condición, vivimos en esta sociedad de imágenes virtuales, reales, fotográficas, cinematográficas, televisivas y no es negativo ni positivo, es la situación en la que vivimos”.
Cabrera especificó que todo proceso civilizatorio tiene aspectos de decadencia y de progreso: “Vivimos en una sociedad de la imagen y hoy se estimula la imaginación; éste es, por un lado, un llamado a la imaginación, a la innovación, al creatividad pero es completamente banal, y, por otro, una proliferación de la imagen”.
Yo creo, agregó, que tanto esa apelación a la imaginación como a la imagen, parte de lo que es el imaginario en la comunicación, las teorías de la comunicación no han dado cuenta de esta situación.